lunes, 13 de junio de 2011

408

hoy no hay un bonito cuento.
hoy es acerca de mí.
 
no importa, de pronto, qué es lo que vaya a pasar - me escribo a mí misma en primera persona, para entender cuando tengo motivos en tercera persona, sobre segundas personas - no importa que vaya a pasar, pase lo que pase, será para bien.
 
todo ésto del amor, quizás, y muy probablemente, sea una mala lotería, puede nunca llegar, puede no existir o puede estar escondido debajo de una piedra en la isla de madagascar. mientras tanto, mi vida, mis sueños, esas cosas que ven mis ojos cuando están cerrados, siguen ahí: esperándome. mis días me esperan, para vivirlos, para hacer las cosas que amo, para decir sin miedo ni verguenza, que voy a ser sincera con las cosas en las que creo. para darme, en pedacitos, en besos, en detalles, en miradas, a mis personas importantes, esas que están esperando por mis abrazos, por mis palabras, que necesitan mis oídos para escucharlas.
 
voy a creer, a rezar, a reirme. a cada minuto, a disfrutar cada nota de las canciones que me traiga la vida,  voy a grabarme en las pupilas los colores de las flores con las que me tropiezo, y voy a seguir, siempre, siempre, persiguiendo a las mariposas, que es mejor que intentar aprisionármelas en el estómago, para engañarme (como siempre, como antes, como ayer, como hoy) creyendo que las mariposas que uno se encierra en el estómago significan amor.
 
hoy es acerca de mí. no hubieron cosas complicadas, difíciles, enredadas; era sólo yo que tenía miedo a decidir.
que tenía miedo de decir, así de sencillo: voy a ser feliz.

jueves, 9 de junio de 2011

y quizá recordarás

hoy la luna me sonríe por la mañana y así descubro lugares explícitos donde encuentro pequeñas caravanas que me cantan a voces los pensamientos que olvidas por la tarde. me buscas con las palabras encrispadas, me ofreces treguas, me esperas, te alejo, sonrío, y tus palabras, hoy más que nunca me acarician el ego: así, como cuando los días eran amarillos y yo recibía tus besos intrigada. las devoluciones persisten. hoy me miras, de lejos: yo creo que por el temor de volver a enredarte en mi perfume, ya no me miras a los ojos porque ellos te dicen cosas que no entiendes, ya no me cuentas de tus días porque tus días son noches azules, que están llenos de flores solitarias.
que extrañas mis sonrisas, dices, que en tu cabeza hay tres exposiciones en galerías de arte, que me esperan. pero la historia sigue, y te pido con palabras y en lenguaje de señas que te alejes, que me esperes y te vayas, que comprendas y así, sincera y visceralmente, me detestes. por lo que soy, por esas cosas que no soy, por mis razones siempre lejanas, acéptalo, va a ser siempre así.

martes, 31 de mayo de 2011

arrival

El trajín del aeropuerto es igual al de cualquier lunes. Ella lleva un suéter verde oscuro que hace juego con sus botas y lleva todo el cabello negrísimo sujeto en un moño, excepto algunos mechones rebeldes que juegan sobre sus ojos miel. Sus dedos largos sobre su bolso, en el brazo izquierdo, mientras camina, impaciente.

Todavía me acuerdo de la primera vez que vine a recogerlo del aeropuerto. Éramos todavía dos niños. Papá me trajo en el porsche azul que fue del abuelo. Y le traje chocolates que compré con mis ahorros de dos meses. Había repasado esa mañana todas sus cartas, esas en las que él me copiaba versos de Bécquer que hablaban de golondrinas y yo moría de amor de imaginar cómo se cerrarían sus ojos en el esfuerzo de leer ése libro de letras pequeñas que él tanto detestaba y yo le había regalado. Almorzamos en la casa de campo ese día, y luego nos fuimos juntos al cine. Esa ceremonia aeropuerto – almuerzo - cine, se repetiría por muchos años, hasta cuando terminamos ambos la facultad y yo ya había olvidado ese amor extraño por Gustavo Adolfo y las golondrinas y las madreselvas de un balcón que nunca tuve.

Se detiene a pasar los ojos sobre la pantalla que anuncia la llegada de los vuelos. Paris, Berlín, San José, Medellín, Madrid, Ámsterdam. Confirma la hora en su reloj y mira nuevamente la pantalla, que ahora anuncia "landed".

En la duodécima discusión que teníamos después de haber empezado a vivir juntos en Cádiz, le reclamé en un arranque de celos mezclado con ira acumulada, el hecho de que hubiera dejado de escribirme cartas. Siempre detesté sus llamadas telefónicas. Era frío, distante, eminentemente informativo. Las noticias sobre la guerra, los últimos avances en la medicina y los antibióticos me las sabía yo de memoria desde que me había mudado a vivir con el abuelo. Y él se rió, con esa risa que muchos años atrás no le escuchaba, se rió en serio, a carcajadas, moviendo la cabeza, respirando luego para calmarse mientras yo atónita, no entendía qué había dicho que fuese tan gracioso. - Ya no tenemos dieciocho, ni veinte, ni veinticinco, Magda, los romanticismos no son de ésta época.

Se acerca a la rampa de llegadas donde muchas personas con pizarras y mensajes en distintos idiomas se pelean por ponerse delante de los demás. Se para tranquila, mira nuevamente su reloj y apoyada en su pierna derecha se dispone a esperar.

A pesar de todo, hemos tenido buenos momentos. Los meses de vacaciones en la playa, todas las tardes echados en la arena, mirándonos a los ojos con calma. Las tardes de ir a pasear por las calles de esa ciudad que a pesar de tanto tiempo seguíamos sin conocer bien. Las horas y horas de recostarnos a ver las últimas películas de Norteamérica en el televisor que sus padres nos regalaron. Los días en que cocinábamos juntos su lasaña favorita, y luego la comíamos en la habitación, antes y después del amor.

Los pasajeros desfilan uno a uno, los murmullos en idiomas desconocidos a ratos la desconciertan, pero sigue sin despegar los ojos de la puerta del fondo, con el corazón que late lento en el pecho.

El día en que iba a pedir mi mano a mis padres viajamos veinte horas en auto. – Estoy aterrado– me confesó antes de besarme rápido en la frente como hacía cuando se sentía incómodo y buscaba apoyo. - Sabes que Robert te adora, y Magnolia quiere nietos con el color de tus ojos – le dije, sonriéndole. Comimos todos juntos a la mesa, como hacía mucho tiempo no hacíamos. Abracé a mi hermana, besé a mis sobrinos muchas veces y él se embriagó con el vino que trajo mi padre de su reserva para días especiales.  

La voz que anuncia las llegadas y partidas de los aviones continúa, monótona, como ruido ambiental. Ella espera impasible, serena, con los ojos impregnados de un brillo especial que parecen no haber tenido en mucho tiempo.

Tres meses después, me recibí de contadora y me ofrecieron un puesto en la Compañía de Banca y Negocios de Bruselas. Nos casaríamos en la primavera de ese año y no hacía más que vivir rodeada de revistas de novias, fotos de vestidos, retazos de telas de colores entre los que tenía que escoger los manteles, las sábanas, las cortinas para nuestra casa. Fui feliz. Diseñé los bordados para las cunas de los niños, mandé a pedir de Francia el juego de sala más hermoso que nadie nunca hubiera visto y dibujé yo misma cómo quería la organización del jardín. Era jugar a ser madre, esposa, mujer de negocios, todo al mismo tiempo.

Un niño se tropieza y cae. Ella lo mira, está muy cerca. No sabe qué hacer, simplemente lo mira, sin descuidar la puerta, confundida. Pronto se acerca la madre y lo abraza, besa y alza. El pequeño se calma y se aleja mirándola con los ojos llenos de lágrimas.

Un día, sin embargo, él desapareció. Sin más explicación, sin dejar rastro, sin decir una palabra. Simplemente juntó todas sus cosas mientras yo dormía y me dejó ahí: con mis niños, jardín y vestido de novia inexistentes. Con mi anillo de compromiso en el tocador.

Entonces lo ve. Los impecables zapatos de gamuza, la camisa siempre blanca, esos cabellos rubios que siempre están desordenados sin importar dónde esté, y esos ojos de mar que la ahogan, aún viéndolos de lejos.

Han pasado doce años. Hace dos meses supe de nuevo de él por los periódicos, que anunciaban que un médico español visitaría Francia por dos días para llevar a cabo una docena de cirugías pediátricas. Y ésta tarde tomé el metro con una sensación en el pecho que no supe explicar.

Él camina sin percatarse de que ella está a pocos metros. Da luego dos o tres pasos para mirar atrás y dirigir la mirada hacia una mujer, que pronto lo toma de la mano y se acerca para besarlo en los labios.

Ella no se inmuta. Sus ojos siguen igual de serenos. Permanece unos segundos más mirándolo, y cuando él se ha dado cuenta al fin de su presencia camina en su dirección.

 

 

 

domingo, 22 de mayo de 2011

get it right

no sirve de nada que los demás te lo recuerden o no. tus cicatrices, que te recuerdan quién eres, por dónde has caminado, los errores que has cometido, están ahí. las cicatrices que te recuerdan también que has vivido te acompañan en las tardes, cuando estás solo y el silencio te arrulla y las palabras que no dices se estancan sin melodía.
no importa demasiado cuántas veces te caigas, te enlodes, tropieces. eres tú, eso no va a cambiar. tu canción - esa que nada más tú conoces, esa que estás escribiendo - no va a irse. te van a perseguir tus sueños, porque quieren hacerse realidad para tí. te van a perseguir las ganas de volver a ser tú, la de antes, esa que miras en el espejo y no encuentras, esa cuyos ojos negros no enamoran más. y te aterra, sin embargo, darte cuenta que esa de antes es la misma que la de ahora: luminosidad oscura, vacía, con la inspiración a años luz de distancia.
todo va a pasar. vas a encontrarte pronto, y las cosas no serán como antes - las cosas no pueden volver a ser como antes - sino que serán mucho mejores. la antología de tus risas y tus llantos y tus silencios y espacios vacíos es lo que te ha hecho quien eres ahora. esa que sonríe a veces nada más con los labios, esa que ya no cree más pero sigue contestando el teléfono, esa que espera por un milagro. por una visión reveladora que le dé sentido a todo, de pronto.
esa que no olvida, pero que de pronto ya no tiene lágrimas suficientes.

viernes, 20 de mayo de 2011

estéreo

tres acordes me recuerdan a tí.
recuerdo, claro como si fuera hoy, el bajar las escaleras en silencio, con el corazón retumbando en el pecho, el abrirte la puerta a oscuras - y abrirte la puerta de mis miedos también - recuerdo sonreirte, callarte con mis besos y conducirte entre los tropiezos de siempre para luego reirnos bajito, cerrar la puerta de mi habitación y dejarte dormir conmigo, y tú dejar que yo duerma contigo y con tus ojos.
contarte los lunares y navegar en palabras que no se pronuncian. mirarnos a oscuras, a medias, con ansias.
recuerdo como si hoy fuera, que hayas conocido esos secretos que le cuento a mi almohada, que luego me durmiese con tu olor, que luego mis palabras, mis gestos, mis risas supieran a ti.

a ti y a mi, como esos tres acordes. como mis dias, como nuestras noches.
 

lunes, 16 de mayo de 2011

dieciséis

esa hoja blanca de papel me mira con dulzura
hoy no hay letras, ni palabras, ni ideas
 
cada día y cada vez, el mismo río pasa debajo del mismo puente, en el mismo camino encandilado por el mismo sol, que agobia a los mismos árboles, que pierden las mismas hojas amarillas.
cada día y cada vez, mis pupilas graban el sol que cae del mismo lado de la ventana, mi cabello en mis mejillas y el mismo sabor en los labios.
cada día y cada vez, al amanecer, canta el mismo pájaro en mi ventana, algunas veces más fuerte y otras más azul.
cada día es, sin embargo, una canción nueva. acordes diferentes, decibeles que enamoraron, decibeles que quieres olvidar.
 
sigues sin entender, pasan los días y las palabras y las canciones no se van.
será quizás, que tratas por primera vez, cada día y cada vez, de olvidar al primer amor que tienes que se hizo de palabras y canciones.
y el corazón terco sigue mirando por las ventanas, esperando que las razones regresen con las mariposas.
 
 
 

domingo, 8 de mayo de 2011

joannes

soñé contigo como antes
como antes y como ahora, porque resulta que tenías una playera rojo sangre, porque casualmente eras tú quien me buscaba (mi madre tenía razón, pensé) y porque tu aliento, tan familiar, de pronto, se me antojaba motivo para huir.
soñé contigo como antes, y caigo en cuenta de cuántos meses han pasado sin pensarte. de cuántas noches y tardes sin extrañar tus besos, tu olor, tus ojos café, tus lunares esos que me sé de memoria, tus palabras exasperantes, tus silencios, tus culpas, tus ausencias, tus excusas, tus miradas. sin extrañar esas tardes de pasarla recostada oyendo un latido rítmico en tu pecho, conversando de nuestras divergencias, dándonos besos interminables en las azoteas, encima de los árboles, detrás de las cortinas. soñé contigo como ahora porque aún en mi sueño, huía nuevamente de tus besos, disculpaba mis ausencias, explicaba mis vuelos de avión con razones insostenibles.
soñé contigo y me sorprende. la carencia de recuerdos, que las lágrimas se han ido de paseo junto con tus rosas rojas. me sorprende que nuestros (tus, mis) tulipanes me hayan hecho sonreir. sorprende recordar madrugadas de hospital para no pensarte. haber olvidado novecientos cuarenta y tres días en dos lunas.

sábado, 7 de mayo de 2011

it's not a movie trailer

no hay más que recuerdos. tus recuerdos esos que puedo hasta tocar. los recuerdos esos que anoche recorrí como un camino extraño, que escuché como una canción inentendible. no hay más que recuerdos, y me queda nada más maldecir la maravillosa perfección de mi hipocampo.
las palabras que vuelven, y los acordes de música de autos ajenos a lo lejos, que hasta duelen. lo recuerdo todo, hasta cosas que ni siquiera recuerdo haber recordado en su momento. pero eso va a detenerse, un día, un día cercano.
ya no ansío. la sensación de vacío, de tenerla de costumbre, ha desaparecido. todo se ha apaciguado. todo se ha apaciguado, sinceramente, porque ya he entendido, que las mariposas se me han volado todas, todas. que me he quedado sola, pero no sola. que habrán maneras, que no estoy vacía.
porque he entendido que mi historia sigue siendo nada más que mía. ya no espero explicaciones que nunca encontraré ni creo más necesitar.
porque he entendido que siempre puedo empezar de nuevo. que siempre puedo cantar.
no hay más que recuerdos, y tú estás lejos como siempre.
hoy, por primera vez, eso ha dejado de importarme.

lunes, 2 de mayo de 2011

día dos

el cielo es rosado y magentas son mis lágrimas, como magentas las violetas marchitas del corredor de mi habitación. mis recuerdos y mi polera, que todavía huelen como tú, me recuerdan que debo olvidar. las hojas amarillas que caen a los pies de los árboles que tanto conozco, se me acumulan debajo de los párpados así como las razones para irme, y el reflejo de las luces amarillas en el río, que me miran, parpadean, me habla con sinceridad de tu insinceridad en la que tanto creí y de la que me nacieron tantos cuentos. hoy prefiero - y lo digo sinceramente - las francas falacias de la gente común.

las piletas en las avenidas son versiones aún más siniestras de aquellas de tus cuentos. el tumulto de la gente me hace pensar en esas ciudades grandes que nunca visitaremos -al menos no juntos- y los acordes de mis canciones vuelven a tener color suficiente como para teñir mis pasos, sin remordimientos, sin aparentar.

soy yo de nuevo.
tus palabras -tus mentiras- están, hoy, a distancias kilométricas.

domingo, 1 de mayo de 2011

llévame aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar

no siempre estuve sola. no siempre lo estaré. hoy se me escapan las palabras y las lágrimas. hoy me faltan las ganas para abrir los ojos y para aceptar.

lo esperé. le escribí hasta quedarme sin palabras, canté hasta quedarme sin voz. sí, él se fue, como tantos otros y como ninguno antes.

y me quedo sentada, abrazando mis piernas con los brazos. y me quedo sentada mientras lo escucho cerrar la puerta. me quedo sentada y tengo pirograbados sus ojos, sus besos, sus manos, sus palabras, sus canciones, su perfume en mi polera, sus dedos y sus labios en mi piel, su voz, su olor, sus cuentos, su risa y sus razones. y escucho las promesas que nunca me hizo. me quedo sentada y él se va. como tantos otros, se va, y como ninguno antes.

miércoles, 20 de abril de 2011

holiday

(como todos los días, ella cruzaba el río. el sol se dormía en el horizonte. y con la cabeza pegada al marco de la ventana y con el viento que hace bailar a los árboles del puente dándole en la cara, ella soñó.)

era otro mundo o era otro tiempo. a su alrededor, blancos, negros, plateados, rosa, violetas o azul eléctrico, los audífonos, sin excepción, volcaban en los oídos de todos esas notas que nacían de inopinados pentagramas, como si fuese sangre corriendo por las arterias de cada quien. se sorprendió de descubrir, además, que nadie hablaba. caminaba, cada cual a su ritmo, en diferentes compases, como si fuera uno a uno en una dimensión diferente.

en la calle en la que estaba nadie parecía darse cuenta de lo que sucedía alrededor. y ella, sin saber qué hacer, se sentó a observar. iban caminando, unos apurados, unos sonrientes, algunos lloraban y otros ensayaban algún baile tímido mientras avanzaban. tanta autenticidad era maravillosa, pero contrariaba.

entonces los vio.

era como si sus miradas se hubieran tropezado, como si estuvieran solos en todo el universo, como si hubieran estado esperando mucho por ése momento. se detuvo, primero él. se acercó y la miró de cerca, a los ojos. ella tenía las pupilas negras brillantes, y las pestañas grandes, encantadoras. le regaló una sonrisa tímida y azul.

él se quitó los audífonos y, junto con el reproductor, se los entregó, ansioso. ella hizo lo mismo. escucharon, entonces, la música uno del otro. se dirigieron miradas sorprendidas, brillantes, moradas. y con una inexplicable certeza y alegría, se tomaron de la mano y se fueron caminando en otra dirección, juntos.

sábado, 16 de abril de 2011

vámonos

anda, camina. sonríe. cuenta las estrellas en las noches estrelladas, imagínalas si no las ves. da pasos cortos, no te canses. amárrate las zapatillas. canta. canta bajito. canta fuerte. ríete. abraza. abraza mucho. péinate bonito. sonríete en el espejo, no hay dos como tú, no hay dos.

atrévete, intenta, arriesga. hay poco que perder y siempre mucho para ganar. solo hay un pasaje de ida. imagina cosas. imagina cosas hermosas.


imagina cosas hermosas y luego hazlas suceder.

cambia . cambia tu alrededor, cambia tú. baila. sola. acompañada. con los ojos cerrados, con los ojos abiertos. mira a tu alrededor cuando vas en el bus. sonríele a los niños pequeños, sonríele a las pestañas plateadas de las señoras. ponte tu propio soundtrack. juega a las escondidas con el viento, con las hojitas de los árboles. piensa, sueña. sueña pensando. piensa en tus sueños, recógelos, arrúgalos, hazlos tangibles.

ama. una vida así vale la pena.

oh, soledad

de pronto algo de luminosidad.
un parpadeo. dos.
ella mira el reloj y se mira las manos.
suspira y luego se ríe.

una certeza ha llegado.



había un cuento de una chica que tenía dulces las pestañas. que se tropezaba, estornudaba, lloraba, sonreía, a veces. que tenía la voz violeta, y que compartía cosas sólo con su almohada: palabras, suspiros, lágrimas. esperaba. esperaba milagros. cantaba: canciones con notas amarillas a veces o azules. escribía, bailaba, pintaba. el sol la cegaba y le hacía cosquillas, y ella caminaba debajo de él, a veces, y a veces a un costado del camino, entre los árboles, encima de las nubes. el tiempo baila en otro compás. ella va a su ritmo: descubriendo y descubriéndose, disfrutándolo.

ésta es la historia controversial de la chica de polera magenta y audífonos que se fue camino al noreste buscando las mariposas. una historia que tiene acordes de guitarra como soundtrack, siempre.

jueves, 14 de abril de 2011

today

es simple el estado de negación. estar aquí, atrapada, como en un mal sueño. como en un cuento de sallinger del que no vas a salir, nunca, aunque no mates a nadie, aunque no mueras, y tengas nada más que conformarte con ser un personaje de cuarta, de quinta, la chica que casualmente paseaba al perro de su vecina dos cuadras más allá mientras los personajes principales se daban el beso de sus vidas, o se disparaban en la sien, da igual.

estar aquí es algo que es más difícil cada vez. y no es sólo por mi ubicación en coordenadas geográficas. implica tantas cosas para las que, poco a poco, me he quedado sin ganas. comer, leer, dormir, viajar en bus, escuchar una y otra vez la misma canción. marearme de ir en una especie de carrusel demoníaco, tener muchas náuseas y hasta disfrutarlo. decir he ganado.

no voy a llorar porque ya conozco bien éste sentimiento. éste vacío. y no estoy dispuesta.

i walk away.

miércoles, 13 de abril de 2011

lepidópteras

un miércoles de abril ella se tropezó. y se tropezaron ambos en realidad. pero resultó que la narradora se confundió, porque no fue un miércoles sino un martes que en realidad fue domingo o lunes.

la canción se había ido lejos (casi tan lejos como setenta y tres pasos) y ella estaba un poco triste y un poco confundida y un poco sola. y se le había ensuciado el vestido con una nostalgia azul, con un beso soñado (no por ella), con más canciones, y más palabras bonitas; y por eso igual cantaba, bailaba, tarareaba, sonreía, presa de un sentimiento que nada más ella podría comprender (quizás eso sea mentira, si lo consideramos a él).

el asunto es, que estando así, salió a caminar y se tropezó. no fue intencional, claro está. pero entonces, como si nada, del cemento empezaron a nacer, primero violetas y azules, pequeñas mariposas, y luego otras fucsia más grandes, y otras celestes y naranjas. las blancas eran las más veloces. era una especie de acontecimiento divino. ella en el suelo y las mariposas por todas partes. se rió entonces. mucho, y recordó a la canción y lo recordó a él, que seguía lejos.

- hay tropiezos buenos – pensó. y fue feliz.

lunes, 4 de abril de 2011

lunes

habían dos veces, ella y él. se escondían en las mañanas soleadas de las noches de marzo, y jugaban a ser y no ser lo que eran. a saltar con paracaídas sobre pentagramas infinitos, a inventarse otras vidas en otros espacios. un día, de esos días - que son ésos y no aquellos – ella tuvo un sueño extraño y despertó con la sorpresa de que le había nacido una canción. se la pasó por horas y horas intentando atraparla, así como a las mariposas, con una redecilla, pero era una canción tan traviesa (espontánea, dicen) que tuvieron que pasar catorce años y dieciocho días para que se cansara y accediese a sentarse con ella. y, cuando, al fin, se vieron a los ojos, ella le pidió que le contara cosas que pudiera poner en un poema para regalárselo a él. la canción se rió estrepitosamente (así son las risas de las canciones) y accedió, a medias tintas. - te dictaré pero tienes que escribir con la mano izquierda - fue su condición. entonces nació una poesía sobre un río que ella cruza todos los días, de ida y de vuelta; una poesía que hablaba también de los caminos, y de los árboles de los caminos, que le susurran cosas cuando da pasos lentos a las tres de la tarde. y escribió sobre las horas, las nubes y el viento, que le acaricia con tristeza porque él está lejos. y la poesía se convirtió en miles, en millones de poesías, que ella luego diría que venían de un lugar indefinido, pero que más tarde entendería que eran cosas que la canción le dictaba para él, para él aún desde antes de haberlo conocido.

jueves, 31 de marzo de 2011

bárbara

no sé si se haya preguntado por mis miradas y mi media sonrisa. sólo se que esos ojos grandes soñadores, esos lentecitos con pedrería de fantasía y esas pestañas - de las que estoy segura, no han recibido todavía lágrimas de amores - eran, todos juntos, encantadores. sólo sé que el verla, tan ensimismada, como enamorada, perdida en sus pensamientos cuando miraba por la ventana; fue un descubrimiento que se hace sólo los días de las tardes calurosas. tan bonita, con esa felicidad tan simple y tan sincera de la primera década de la vida.

la envidié.

el viernes primero

para mañana sabré qué piensas. ella te verá y seremos felices todos, los cuatro. para mañana estarás, desde algún punto de vista, más cerca. te escucharé hablar cuando ella vuelva y me cuente llorando (sé que llorará) las cosas que digas, y me dirá detalles, de cómo te ves, sin los piercing, con el cabello largo. para mañana, y se me hace un mundo, voy a acordarme de los casi cien días que llevo sin verte, sin oírte, sin textearte, sin renegar de tí o contigo, sin reclamarte cosas, sin reírnos como cuando de casualidad nos vestimos del mismo color. yo no sé que estés pensando. si imagines cuánto te estoy pensando, yo no sé. sólo se que extrañarte cada día es más difícil y más fácil, que ella a veces lo hace más difícil, que mis esperanzas me dicen cosas que no entiendo. que eres esa parte de mí que me falta, mi parte tecnológica, mi parte hiphopera, la conexión más cercana que he tenido nunca a un cigarro (hasta hace poco) (ya he de contarte). mi parte desordenada, mi parte musical, mi parte electrónica. el 33% que compartimos que se me hace más evidente que nunca. nuestras visiones de la familia y del amor, similares y disímiles. nuestra visión de él, que se ha hecho mi amigo aunque no lo creas, que me aconseja de mis amores y de la vida. él, que una vez que se fue, te hizo más falta a tí que a mí. santiago me pregunta si estarás en navidad, y me hace llorar. cuánto te quiero, cómo te extraño.

lunes, 28 de marzo de 2011

lucía II

necesito una blusa negra, como él no hubiera querido. silvia debe tener alguna. la vida de pronto se me hace graciosa, irónica como dice alanis morissette. te amo, me dijo, nos casaremos un día. su anillo sigue donde siempre, temerosa yo de extraviarlo. eres linda como la primavera, me dijo, quiero que mis hijos tengan el color de tus ojos, el sonido de tu voz. mi voz que ya no me suena igual, mis ojos que dejaron de tener color. hace frío, pero no me inmuto. tantos meses durmiendo en el frío del hospital no han pasado en vano. cántame, me dijo, esas canciones que les cantabas a tus niños del parvulario. y mi madre me decía que ése ingeniero sería un maravilloso marido. que debería sentirme halagada. ella era la que acomodaba sus flores en potecitos de colores. yo sólo lo miraba, sonreía, escuchaba. reacia al principio, sorprendida después, enamorada finalmente. así como hoy, sí, que sigo enamorada de él. de él, que ya no está, y no estará.

lucía

me siento y la veo. mira por la ventana. sus ojos café nostalgia, que se inundan. y las lágrimas que caen, casi musicales, una tras de otra, preciosas como bailarinas de ballet. respira acompasada. nadie se percata, nadie quiere hacerlo. y de pronto me doy cuenta de que estoy respirando a su ritmo, que quisiera acercarme y abrazarla, decirle que todo va a estar bien. me mira. todo se detiene un minuto, y sé que mis ojos no han dicho mucho.

domingo, 27 de marzo de 2011

we could have had it all

ella lo esperaba en primavera. y esperaba flores en abril. pero se marchitó hasta la última violeta y él no llegó. ella llora por las tardes, sólo cuando es cuarto creciente. ella se esconde de las estrellas y de sus reproches. se esconde porque no sabe cómo explicar, porque no tiene nada que explicar. ella es una trampa, una mentira, inservible. por eso le huyen, se esconden, se salvan. por eso nadie da explicaciones. juran amor y se van. primaveras y veranos y se van. siempre se van. no dicen más. no hay flores, nunca, ni valentías. ella se envenena cada día con sus pensamientos y sus canciones. y se ha arrancado el corazón en un intento desesperado de no ser lo que es: un agujero negro disfrazado de mujer. lo esperaba, ella lo esperaba en primavera. y esperaba flores en abril. pero se marchitó hasta la última violeta y él no llegó.

martes, 22 de marzo de 2011

925

el reloj corre contra mí, segunderos de azúcar, y los minutos que resplandecen, instantes antes de estallar. las carreteras me llevan, indiferentes, con destellos de luz que me ciegan. cierro los ojos y pienso en ti. me involucro con tus canciones como no puedo hacerlo contigo. las conozco, acorde a acorde, cada palabra, cada silencio. y me prometo cosas increíbles, espacios, momentos, museos, calles, torres, avenidas. me acostumbro al brillo del sol de aquí, denso, volcánico. me descubro en divagaciones absurdas y absolutas, que me sorprenden cuando yo las sorprendo. me descubro. y sonrío, porque de pronto es amor a primera vista: en el espejo dos ojos negros, me enamoro. me enamoro aunque no quiera enamorarme, de nuevo y como cada vez. y el resto no importa más. ni las palabras, ni las canciones, ni los kilómetros ni las coexistencias. no me importa nada, tengo tiempo de sobra para esperar. llegará un día uno que no sea príncipe, que no sea azul, y que me reciba con flores cuando yo lo rescate de algún abismo.

viernes, 18 de marzo de 2011

mentiras

hay espacios blancos en hojas en blanco, cuchicheando. se sonríen miserables mientras canto. y me miran con premura, disciplentes, espaciados. no puedo suplicar palabras, los monosílabos me inundan verdes azules morados y blancos, blancos como tus miradas y la luna, que se esconde de mí cuando me ve llorar. puedo entender claramente cómo el universo conspira para que yo dé pasos al frente, retroceda, sonría, cambie. entiendo claramente como recupero los silencios que te invaden como conquistadores intergalácticos. y disimulo mis lágrimas con maquillaje, del que no te percatas porque únicamente me ves de lejos. entonces supones que soy bonita, que mis palabras escarchadas son igual de largas que mis piernas. y así suspiras versos amarillos cuando me miras, pero te alejas con igual presteza, ilegal, espaciado. no he de encontrar más razones escondidas debajo de los armarios y renuncio a colorear estas ideas arremolinadas entre mis cabellos. no importa ya cuántas veces cante que quiero estar contigo, que sólo quiero vivir y bailar contigo. me das la espalda y caminas sin escuchar mis motivos, y se quedan tristes mis pestañas lejos de las tuyas, mi aire lejos de tu aire, tu voz y mi voluntad.

viernes, 11 de marzo de 2011

the birds will sing

tengo cuatro cavidades en el hemitórax izquierdo que esperan. esperan esperando resoluciones, propias y ajenas, de mentiras ajenas. en viernes me decido a abrir los ojos y empaparme en esas ilusas renovaciones de esperanzas verdes. o naranjas, como se ponen cuando me río, a pesar de darme cuenta de que no puedo reírme todavía. tengo una almohada que me conoce mejor que nadie, que recibe mis lágrimas y mis palabras y que se calla, dejándome aire suficiente para pensar, aún cuando consulto cosas con ella. y somos amigas, y me cuenta historias increíbles el segundo día miércoles de cada mes.

no entiendo la relación que puedan llegar a tener esos versos que no escribo a la mala, pero que escribo porque quiero, con todas esas palabras, abrazos, miradas, promesas rotas, besos, traiciones, almuerzos, comidas, desayunos, paseos y suspiros que han durado un poco más o un poco menos de novecientos cuarenta días – con sus noches - y que se acaban de pronto, como quien encuentra una carretera sin terminar. entonces es cuando esas piedras sin asfalto se ríen de mí y me hacen ver cuántos errores comete uno en nombre de esa estúpida, inentendible, o quizás inexistente ansia llamada amor.

ya no es, por lo tanto, gran ejercicio gramatical el decir que has de ser feliz porque amaste, y al amante sólo le basta amar. discrepo. y me río de mis discrepancias que en realidad a nadie le interesan, porque la vida continúa, en éste y en todos los idiomas y porque, tarde o temprano, llega un día en que te duermes con la felicidad asomando tímida, pensando en alguna otra cosa, con una canción en la cabeza.

es lo que hay

tengo cuatro cavidades en el hemitórax izquierdo que esperan. esperan esperando resoluciones, propias y ajenas, de mentiras ajenas. en viernes me decido a abrir los ojos y empaparme en esas ilusas renovaciones de esperanzas verdes. o naranjas, como se ponen cuando me río, a pesar de darme cuenta de que no puedo reírme todavía. tengo una almohada que me conoce mejor que nadie, que recibe mis lágrimas y mis palabras y que se calla, dejándome aire suficiente para pensar, aún cuando consulto cosas con ella. y somos amigas, y me cuenta historias increíbles el segundo día miércoles de cada mes.

no entiendo la relación que puedan llegar a tener esos versos que no escribo a la mala, pero que escribo porque quiero, con todas esas palabras, abrazos, miradas, promesas rotas, besos, traiciones, almuerzos, comidas, desayunos, paseos y suspiros que han durado un poco más o un poco menos de novecientos cuarenta días – con sus noches - y que se acaban de pronto, como quien encuentra una carretera sin terminar. entonces es cuando esas piedras sin asfalto se ríen de mí y me hacen ver cuántos errores comete uno en nombre de esa estúpida, inentendible, o quizás inexistente ansia llamada amor.

ya no es, por lo tanto, gran ejercicio gramatical el decir que has de ser feliz porque amaste, y al amante sólo le basta amar. discrepo. y me río de mis discrepancias que en realidad a nadie le interesan, porque la vida continúa, en éste y en todos los idiomas y porque, tarde o temprano, llega un día en que te duermes con la felicidad asomando tímida, pensando en alguna otra cosa, con una canción en la cabeza.

domingo, 20 de febrero de 2011

scene

y me siento como tantas veces me he sentido antes, con esas ganas de llorar tan profundas que podrían ahogar a la humanidad entera. te beso. me besas. no quiero abrir los ojos, no quiero porque sé lo que sigue a continuación. mis ojos húmedos y la sensación de perderte. intento sonreir, y de pronto ya no estoy más respirando el mismo aire que tú. ésta opresión del pecho es peor cada vez. retrocedes un paso, dos, me miras. quisiera ir y abrazarte, y suplicarte que te quedes, pero en cambio me quedo ahí, sonriéndote mientras pones más y más espacio entre nosotros. te volteas y hago lo mismo, pero luego giro para seguir viendo tu cabeza entre la gente. te alejas. todo está bien, pienso. de pronto el resto ha dejado de tener tanta importancia. la gente que me mira e interroga mis lágrimas no existe para mí, y tú caminas. sólo caminas.

domingo, 30 de enero de 2011

that's all folks

tengo la habitación a medio ordenar. y los libros. y la carpeta que se llama "mis documentos" ¿quién habrá pensando en llamarla así? todo eso hecho un lío.
y las ideas que me pasan por la mente como cohetes, meteoritos, libélulas ebrias.
pero luego llueve, entonces no todo está mal.

y cada día hay un motivo especial para ir a agradecer. porque siento que es más importante quedarme a ver películas con mamá que enfrentarme al frío. porque puedo enfrentarme al frío mañana.

porque otra vez tengo algo más que un resfriado, y a la vez estoy harta de los antibióticos. pero ahí vamos. con las campañas en la cabeza, y también el terror por esa cirugía que nada más entiendo mirando un placa radiográfica que no quiero ver. inexplicablemente aterrorizada, sí.
y he venido huyendo de ella todo éste año. pero me atrapó: domingo trece.

y también me siento mal de pensar que voy a verte menos. pero es una tontería porque voy a verte menos pero no, nunca, jamás voy a quererte menos. asunto arreglado.

y hay cosas que valen la pena: cuando se puede viajar con alguna canción, cuando las flores me cuentan secretos. cuando me dicen doctorita, doctorita, así. que puede sonar tan, tan sencillo pero que significa tanto.

que hay cosas en mi to - do list complicadísimas, enredadas. cosas en otros idiomas, en otros compáses. rebeliones intrínsecas. personas que extraño. momentos que extraño. cosas que deseo. cosas que ansío. palabras. sonrisas.

y la habitación revuelta. y las ojeras. y las galletas por todos lados.

pero todo smooth. soy un desastre con actitud.

viernes, 14 de enero de 2011

decir para creer

la visión panorámica de éste año me cuenta cosas extrañas mientras se pinta las uñas. las razones para huir - que cada vez son menos - bailan en ése último cajón, un vals lento, soporoso, que mata de a poquitos. y mis sonrisas, exaltadas, se desesperan por salir, se empujan y patean. los colores en la lata se susurran y acarician, esperando explotar en miles de mentiras y explicaciones, en miles de hombrecitos y cuatrocientas flores. y mis dedos siguen iguales, escépticos, expectantes y sedientos de sangre.


black as the dark night she was
got what no one else got

since today

hoy me prometo ser feliz. hoy escojo ser feliz. ya se cansaron mis zapatillas de andar por estas veredas llenas de piedras, producto de las demoliciones de mis vecinos, de los terremotos que ocasiono sin querer. hoy me prometo sonreír. hoy escojo sonreír. ya se cansaron mis manos de secar tantas y tantas lágrimas. y mi almohada está salada, y mis cartas desteñidas. hoy me prometo bailar. hoy escojo bailar. al ritmo de esa canción medio bossa medio hiphop que me canta el corazón. hoy me prometo creer, hoy escojo creer. hablar con convicción, caminar con decisión. cambiar el soundtrack, abandonar a brahms. me prometo agradecer y escojo estar alegre. me prometo respirar y escojo crecer. me prometo confiar y escojo las flores de colores, que me miran detrás de la ventana. y escojo las nubes que humedecen estos desiertos. y escojo el cd que traiga siempre canciones para que baile el corazón. y escojo el calendario que me diga que todos los días son de fiesta. que todos los días son para agradecer. escojo el reloj que marque siempre la hora de abrazar. escojo el correo que traiga siempre buenas noticias. escojo los caramelos que sean siempre de mi sabor favorito. escojo el perfume que traiga siempre buenos recuerdos. escojo seguir. levantarme. sonreirle al sol que me despierta por las mañanas.

domingo, 9 de enero de 2011

we were

es un capítulo pasado, le deseo lo mejor. todo es para mejor, digo yo. él se arrepiente, dice ella. la inspiración se fue, dices tu. fue un error y yo lo amo, dice ella.

y seguimos caminando. a veces nos paramos a patear piedras del camino pero seguimos caminando. y seguimos respirando, a veces tragándonos lágrimas pero seguimos.
intentamos.

cambiamos la cama de lugar. cambiamos el play list. cambiamos los colores de los telones.
pero seguimos actuando, riendo, llorando. pretendiendo que todo va bien.

porque la vida es así. c'est la vie. c'est la vie.

martes, 4 de enero de 2011